Que las revisiones ginecológicas son fundamentales para mantener el bienestar y la salud reproductiva está fuera de duda. Pero ¿con qué periodicidad conviene someterse a ellas? Según la mayoría de los ginecólogos Pontevedra, la respuesta breve es una vez al año.
La norma general no es aplicable a todos los casos. Acudir a la consulta del ginecólogo con una periodicidad anual se adapta a las necesidades de la mujer promedio en edades comprendidas entre los veinte y los sesenta y cinco años. Pero la frecuencia exacta varía en función de la edad, los antecedentes médicos y otros factores.
Fuera de este rango de edad, la periodicidad experimenta cambios. Hacia los trece años, las usuarias tienen una cita informativa en la que se resuelven dudas relacionadas y se evalúa su salud reproductiva. En la tercera edad, a partir de la menopausia, las revisiones continúan siendo anuales, ya que este cambio biológico no impide que las enfermedades ginecológicas puedan amenazar la salud de la paciente.
Al margen de esta frecuencia recomendada, las interesadas deben adelantar su cita con su ginecólogo de cabecera en caso de experimentar problemas o cambios inesperados. Ciertas alteraciones menstruales son un buen ejemplo. Incluyen desde retrasos en la regla hasta sangrados demasiado abundantes.
Los dolores intensos durante la menstruación también justifican la asistencia a la clínica ginecológica. Lo mismo sucede con el color u olor del flujo vaginal fuera de lo común, especialmente si se acompaña de sensación de escozor. Acudir a este médico especializado está igualmente indicado si la paciente detecta cualquier anomalía durante su autoexploración mamaria.
Ni que decir tiene que la sospecha de embarazo obliga a consultar al ginecólogo con la mayor urgencia. Asimismo, la dificultad para quedarse encinta hace necesario visitar a dicho especialista, bien para recibir consejos personalizados, bien para realizar un estudio de fertilidad.